La Formación del Jugador de Hockey; un camino sin atajos.

La formación de un jugador de hockey sobre patines es un largo proceso en el cual se invierten muchas horas y recursos. Por eso, al entrenador le es de mucha ayuda tener claro cuáles son las diferentes etapas que un joven debe superar para que el jugador se sienta plenamente satisfecho con sus progresos y consiguiendo el máximo rendimiento al que pueda llegar.

por Pelayo Sanz

Para comenzar, vamos visualizar las diferentes etapas en forma de pirámide, donde las más importantes y a las que un entrenador debe prestar más atención son las bases mientras que, poco a poco, se van haciendo más pequeñas a medida que aumenta el nivel de los jugadores. Además, es importante señalar que no debería haber edades preestablecidas para estar en una etapa o en otra, ya que depende de muchos factores el estar en una etapa o en otra, empezando por la edad a la que comienzan a escalar esta pirámide o la facilidad para superarlas. Siempre es necesario adaptarse lo más posible a las necesidades del jugador y no presuponer que, por tener x años, se le deben exigir ciertas habilidades u otras. Además, es importante reseñar que comenzar una etapa no significa necesariamente dar por acabada otra, ya que en un proceso de formación no debemos dar nada por aprendido o por imposible de mejorar.

La “Diversión” también la podríamos denominar como “Trabajo de aptitudes físicas”. Esencialmente; ¿qué jugador conseguirá llegar a su máximo, ya sea para jugar por diversión o en la élite, sin divertirse encima de unos patines?. En esta primera etapa, hay que motivar al jugador al mismo tiempo que se le enseña lo más básico: patinar, comenzando porque adapte sus capacidades psicomotrices para conseguir mantener el equilibrio sobre ocho ruedas. Una vez se consigue asimilar lo más básico, ya tenemos una base con la que poder entrar en la segunda fase entrando en los “Fundamentos”, en donde el entrenador se enfoca en las cualidades individuales del, ahora mismo, “patinador”; tanto a nivel de patín como con ya con el stick en las manos. Frenadas, cruzar las piernas, disparos, pases, técnica… Todo esto sin olvidar la necesidad de que el mismo jugador se forme a partir de su experiencia y ponga su mente a disposición del juego, comenzando a entender el qué quiere hacer, el cómo y el por qué, todo esto en un ambiente donde la competición como aliciente y las victorias, de llegar, sea como consecuencia del trabajo bien hecho y no un objetivo al que llegar de cualquier manera.
Una vez ponemos la primera piedra del jugador, debe seguir con sus progresos en un contexto más deportivo/competitivo. Porque la competitividad, bien entendida, es parte vital de este proceso de aprendizaje, una fuente inagotable de experiencias útiles para el futuro. Trabajando en la “Iniciación deportiva”, las aptitudes técnicas, tácticas, mentales, físicas, individuales y colectivas salen ya a relucir todas juntas; primando siempre el desarrollo de los jugadores pero intentando que, al mismo tiempo, vayan aprendiendo las rutinas que un equipo tiene.
Durante este camino, tan largo de recorrer, rápido de escribir y complicado de manejar como entrenador, los jóvenes han ido desarrollándose de manera diferente, no habiendo un jugador idéntico a otro, cada uno con sus virtudes y sus defectos. Por eso, la siguiente etapa, una vez se está “cerca” de alcanzar el tope en algunas habilidades, es la “Especialidad”, enseñándoles a maximizar sus cualidades y a desarrollar uno o algunos roles concretos en la pista en los que pueda sentirse especialmente cómodo.
La última fase 100% formativa es el “Alto Rendimiento” y la necesidad ya, prácticamente, de dar a los jugadores un trato de sénior pero con el objetivo de que consigan transportar su talento a un mundo completamente diferente como lo es la adulta, incluso con el reto de que es más que probable que más de un jugador en esta etapa esté teniendo ya minutos en el siguiente nivel, por lo que es todo un reto saber seguir formando al mismo tiempo que comienzan a aparecer las exigencias.
Después de todo esto, ya aparece el último paso que es la “Élite” o máximo, donde el jugador ya ha superado todas las etapas, llega al nivel sénior donde la mejora individual nace del ímpetu del propio jugador pero donde el entrenador se centra más en los resultados y en los objetivos que en el progreso de su plantilla.
Esta pirámide y estas etapas son irrenunciables, pudiendo llevar más o menos años, con cientos de miles de variables y los mismos posibles finales, pero acaba siendo el camino que el entrenador debe mostrar a sus pupilos con tal de poder intentar conseguir la satisfacción de ver a esos jugadores llegando a su máximo nivel.

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