Entrenar al Entrenador

Por Quim Pauls – Seleccionador Nacional

Finalizó la Copa del Rey y nos dejó con buen sabor de boca. Como era de prever, las expectativas fueron ampliamente superadas por los partidos que pudimos disfrutar.

Pero al entrar a analizar la Copa, no lo haré con la lupa puesta en la final, ni siquiera en los partidos previos, que tuvieron enormes dosis de emoción y calidad, sino desde la visión del técnico que observa, analiza y se pregunta, tomando cierta distancia. Cuando uno lee las declaraciones previas, de los jugadores y los mismos entrenadores, me quedo con la frase “el partido se decidirá por pequeños detalles” y pienso que si estos pequeños detalles son tan decisivos, automáticamente dejan de ser pequeños.

Es verdad que la línea que separa la victoria y la derrota es bien delgada, pero esta línea tiene enorme profundidad y es ahí en donde este tópico pierde sentido, porqué en el fondo los equipos trabajan en 3 dimensiones y no en una. Me explico.

La 1ª dimensión es el trabajo diario, que se completa entrenando las cuatro fases de juego y sus complementarios (defensa – contragolpe – ataque – repliegue). En esta línea plana, todos los entrenadores están plenamente cualificados para obtener excelentes resultados y, de hecho, todos los equipos demostraron dominar dos o tres fases con autoridad, siendo más vulnerables en una o dos fases, bien sea por la calidad de sus jugadores o bien sea porqué el equipo tiene sus propias peculiaridades, con más tracción sobre el ataque o sobre la defensa.

La 2ª dimensión es un intangible, que se sustenta en la fortaleza individual y colectiva, basada en la fuerza de voluntad, convencimiento y cohesión del equipo (que no grupo). El partido obliga a atacar y resistir, a cooperar con los compañeros y a sabotear toda acción del rival. El formato de competición, que no permite errores, aumenta las virtudes pero también pone de manifiesto las debilidades y defectos ante cualquier contrariedad, propia de este tipo de partidos, y ahí es donde los jugadores se crecen hasta parecer invencibles o se vienen abajo ante las acometidas del rival, los parciales del marcador, las decisiones arbitrales, etc. Siempre he pensado que un partido primero se gana psicológicamente y luego se materializa en el marcador, es por ello que los entrenadores valoramos tanto la actitud y como el compromiso, porqué en el fondo sabemos que la suma de todos 1 + 1 + 1 + 1 + 1 suman 6 o hasta 10, dado que su potencial tiene un efecto multiplicador.

Finalmente, la 3ª dimensión está enteramente ocupada por el entrenador y en la medida en que él es capaz de ver el partido volumétricamente, o sea, desde la distancia emocional suficiente para estar por encima del acontecimiento inmediato, de la capacidad de tomar decisiones que no son de reacción, sino de anticipación. Para ello es necesario tener el partido en la cabeza, superando los obstáculos que aparezcan, sin dejar de ir a toda velocidad mentalmente y con serenidad externamente. El cambio de rasante de un resultado parcial o una expulsión no es más que un obstáculo a superar por el equipo a través de los automatismos trabajados en la 1ª dimensión. El equipo crece exponencialmente cuando su líder sabe y comunica, conduce como un experto y decide a cada instante.

Siempre habrán equipos ganadores y perdedores, es la ley de la competición, pero un buen entrenador nunca depende de un resultado bueno o malo, (en cualquier caso puede depender su puesto), sino que depende de sus recursos y la seguridad en sí mismo y esto también debe entrenarse, dado que ocupa una de la tres dimensiones del trabajo de un equipo. Pero muchos entrenadores nos preguntamos, después de entrenar al equipo, ¿Cuándo entrena el entrenador?

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