Jugador y entrenador: Un espejo perfecto para la base

La mayoría de clubs de hockey sobre patines no tienen una estructura lo suficientemente profesional como para poder permitirse tener un entrenador profesional o experimentado para cada equipo en todas las categorías. Esto puede parecer un hándicap, pero para muchos clubs es una oportunidad para crecer y para mejorar el entorno, su masa social y su identidad colectiva. Lo que empezó siendo un recurso para reducir costes -un entrenador titulado exige más económicamente que un chaval de 17 o 20 años que quiere inciarse en este mundo-, ha resultado ser una forma de potenciar la base y dar esperanzas a los más pequeños.

Es evidente que los jugadores del primer equipo de un club son un referente especial para los niños que forman parte de la base. Son los que van a ver jugar cada fin de semana y son los que imitan en los entrenamientos. Cómo es obvio, en los clubs más grandes y profesionalizados de OK Liga es muy difícil que los jugadores sean entrenadores de la base, pero en los mas pequeños se dan infinidad de casos. Si por el sólo hecho de ser de los “mayores” del club, los jugadores sénior o junior ya son un espejo para los jugadores de la base, tenerlos en cada entrenamiento enseñándoles los secretos de su deporte hace que los más pequeños se acerquen al sueño de llegar a lo más alto y les motiva para esforzarse más y dar lo mejor de sí. En la mayoría de los casos, cuando un entrenador le dice a sus pupilos “Este ejercicio lo hacemos en el primer equipo”, estos se motivan y se esfuerzan más. Más aún en casos de auténticos ídolos, cómo pueden ser Natasha Lee o Dani Rodríguez en el C.P. Voltregà, Roger Bars en el Igualada H. C., Berta Busquets y Laura Puigdueta en el H.C. Palau o Jacint Molera en el C.P. Vic, entre muchísimos otros.

Estos jugadores son la viva imagen de la “consecución del sueño” de llegar al primer equipo y más que nadie pueden explicar a los pequeños lo que tienen que hacer para llegar a su puesto. Uno de los casos más notorios es el de Marc Gual y Pau Bargalló. El veterano jugador del Barça fue uno de los primeros entrenadores del pequeño de los hermanos Bargalló, y la historia ha querido que terminasen jugando juntos en el Palau Blaugrana.

Además del ahorro económico que esto puede generarle a un club, lo que realmente crea es una unión entre los más grandes y los más pequeños que ayuda a mejorar la vida social del club. El contacto directo con los padres y los niños es vital para la buena imagen de los equipos mayores y genera una confianza extraordinaria y una conjunción que llevará, en años futuros, a que los padres quieran que los hermanos pequeños de los niños de la base empiecen también a jugar a hockey, con todo lo que esto conlleva.

También resulta especialmente interesante la doble dirección del aprendizaje. Aunque los que transmiten sus conocimientos son los entrenadores, estos también pueden llegar a entender muchas situaciones de juego que no comprendían antes. El hecho de tener que explicar los movimientos a los niños es un ejercicio que permite a los jugadores-entrenadores interiorizar mejor algunos conceptos y aprender a lidiar con situaciones de juego hasta el momento no se habían encontrado, dándoles opción a un crecimiento personal y deportivo inesperado.

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